Una de las labores esenciales de la Gran Comisión dada por Cristo es su mandamiento de discipular a los creyentes de todas las naciones (Mt 28:19-20). El discipulado cristiano es ayudar a otros a seguir a Cristo de acuerdo con las instrucciones que establecen las Escrituras. Implica ser un instrumento en las manos de Dios que busca ver la vida de Cristo reproducida —por el poder del Espíritu Santo— en la vida de otro creyente. Sobre lo anterior, el apóstol Pablo escribió: “Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes” (Gá 4:19).